14 febrero, 2026

Silvia Ilari y Daniel Castrillo analizan el legado de Ángel Mastrócola en la Fiesta Nacional del Trigo

Un visionario, un hombre de bien y muy capaz, que con hidalguía trabajó por el progreso del Club Leones y de la Fiesta Nacional del Trigo. Así describen a Ángel Mastrócola los docentes Silvia Ilari y Daniel Castrillo, quienes en 2022, junto a César Giraudo, publicaron Tintas trigueras, el libro que reconstruye la historia de esa entidad y de la celebración leonense.

En su investigación, Ilari y Castrillo también realizaron una reconstrucción biográfica de Mastrócola, una de las autoridades más relevantes de la fiesta durante los primeros años de su recategorización, a partir del decreto N°12.026/56.

La primera edición nacional tuvo lugar en 1957 y, desde entonces, se realizó de manera ininterrumpida. Debido a que en 1991 se organizaron dos celebraciones, la edición 70 se conmemora en 2026, previo a cumplirse las 7 décadas en febrero del año próximo.

Desde 1984, en el Parque de la Fiesta Nacional del Trigo –una obra emblemática impulsada por Ángel Mastrócola– el histórico escenario donde cada año se corona a la reina lleva el nombre del expresidente de la entidad triguera.

En el marco de la 70º Fiesta Nacional del Trigo, Nuevo Día dialogó con Ilari y Castrillo para conocer más sobre esta personalidad leonense. Los autores repasaron momentos claves de la vida y del legado de quien sigue despertando aplausos cuando los locutores mencionan su nombre durante las noches de este evento.

Ángel Mastrócola (der.) junto al expresidente Arturo Illia en la fiesta de 1964.

Visión de futuro

En Leones, el apellido Mastrócola también está ligado al trigo. Aún hoy, los descendientes de don Ángel llevan adelante una panadería centenaria ubicada sobre la Avenida del Libertador, donde durante años pasó el desfile de carrozas con las candidatas a reina.

Entre las décadas del ´50 y del ´60, el expresidente trabajó intensamente para que esa instancia de la celebración, al igual que otras, se destacara y la celebración fuera conocida en todo el país.

¿Quién fue Ángel Mastrócola?

Silvia Ilari (SI): Si hay una palabra para definir a don Ángel es visionario. Fue un hombre de bien, un hombre de trabajo, pero sobre todo un hombre que quería mucho al Club Leones y que hizo muchísimo por él. Fue un gran visionario que soñó un predio, que soñó ver crecer a una fiesta nacional y que trabajó incansablemente para eso.

¿Entre qué años dirigió al club y a la fiesta?

Daniel Castrillo (DC): Ángel Mastrócola se encargó de gestionar la institución desde 1957 hasta su desaparición, en 1967. De todos modos, antes ya había comenzado a ser vocal del club. Desde 1936 estuvo trabajando en la entidad.

¿Por qué su legado sigue siendo importante?

SI: Su legado es evidente en cada paso que damos por el predio. Desde la pileta que soñó hasta las plantas que puso. Él iba junto a su familia a regarlas cuando eran pequeñitas para verlas crecer.

Hoy, uno también puede ver el imponente escenario con esa forma de pañuelo al viento, que nadie creía que se iba a mantener en pie al sacar la estructura que lo sostenía. Todo eso nos hace recordar aquellos tiempos en que un hombre como don Ángel y quienes lo acompañaban soñaron con esas obras, con una fiesta grande, con un club grande.

Mastrócola entendió que había que ponerle el hombro a la situación, que no se trataba sólo de tener ideas geniales o proyectos imparables, sino que había que poner las plantas, pero después también regarlas. Eso era un compromiso de todos, incluso de él, que siendo el presidente de la institución, iba con la manguera y el tambor de agua a regarlas. Yo creo que esa es una metáfora maravillosa del legado de don Ángel.

DC: En ese sentido, el Parque de la Fiesta Nacional del Trigo fue una idea de este visionario. Hasta entonces, habíamos tenido algunos espacios en la institución, teníamos la hectárea, la tierra, pero faltaba poner en valor todo lo que fue la creación de la pileta, las plantaciones, el palco mayor.

Eso se realizó bajo su gestión, él pensó y llevó a cabo el proyecto del parque. Ángel Mastrócola tuvo la idea de hacer una pileta olímpica, un gimnasio, unos salones subterráneos, una nueva cancha en esas 15 hectáreas que tenía el club. Y para eso, entre otras cosas, contrató y le encargó el diseño a Alfredo Baró Graf. Este arquitecto de Rosario se encargó del desarrollo del parque.

El Parque de la Fiesta Nacional del Trigo en 1965. Su piedra basal se colocó en 1962.

¿En qué año quedó inaugurado el predio?

DC: En 1962, con la presencia del entonces presidente Arturo Frondizi, se colocó la piedra basal en el pilar que está en el ingreso. Ahí hay un pergamino, un acta fundamental, una cápsula de tiempo, que Mastrócola y la comitiva pusieron como puntapié de lo que iba a ser el parque. En pocos años, se generaron la secretaría, la pileta olímpica, el tanque de agua, las boleterías, los caminos interiores, los cercos artísticos.

La pileta sigue siendo uno de los grandes atractivos de la fiesta. En su investigación, ¿qué datos pudieron relevar sobre esa obra?

DC: La pileta se inauguró el 11 de enero de 1964. Como ustedes saben, tiene una forma muy particular, ya que se trata de un homenaje al contorno político limítrofe de la provincia de Córdoba. Entre otras cosas, tenemos allí un ejemplo claro del trabajo de don Ángel, de este visionario que dio inicio al parque.

Escenario con nombre propio

Durante décadas, el “Pañuelo” -tal como los leonenses le llaman al escenario del parque- recorrió las páginas de los diarios acompañado por los fuegos artificiales y las reinas que eran elegidas bajo su estructura. Con los años, se convirtió en un emblema, por lo que en 1984 tomó el nombre de su mentor, Ángel Mastrócola.

Sin embargo, las nuevas tecnologías aplicadas a los espectáculos de la fiesta comenzaron a exigir mayores condiciones técnicas, dejando obsoleta a la estructura. Debido a eso, este año la organización decidió montar un nuevo escenario del tipo Layher, por lo que el histórico “Pañuelo” quedará como espacio de backstage.

¿Cómo fue que el escenario de la fiesta adoptó el nombre de Mastrócola?

DC: Bueno, eso se dio en el marco del retorno de la democracia. Don Ángel no quiso involucrarse con ningún tipo de partidismo. Él creía justamente en la libertad a ultranza, en la libertad de elección. Por eso, como una manera de homenajear esa idea, ese valor de libertad al recuperar la democracia en 1983, se decidió darle su nombre al escenario.

Esto ocurrió en febrero de 1984, durante los actos de la fiesta y con anuencia absoluta de la comisión directiva del club y de la comisión organizadora de la fiesta, acompañados por su viuda y sus hijos.

El acto quedó enmarcado en una placa que podemos ver bajo las “alas” del palco. La iniciativa surgió bajo la gestión de Leonardo Kalbermatter, quien estaba al frente de la gestión de la fiesta en ese momento.

Castrillo e Ilari junto al escenario Don Ángel Mastrócola.

El compromiso de conservar el legado

En los próximos días, visitantes de distintas regiones del país llegarán para formar parte de la Fiesta Nacional del Trigo. Los eventos principales tendrán lugar en el parque que impulsó Ángel Mastrócola y que diferentes generaciones fueron conservando, guiadas por ese espíritu visionario que Ilari y Castrillo resaltan al referirse a este líder.

A partir de la reconstrucción biográfica que realizaron, al definir la impronta que dejó Mastrócola, ¿qué valores destacan?

SI: Bueno, yo creo que el club lo reconoce como aquel que construyó grandes obras y que contribuyó a hacer crecer nuestra Fiesta Nacional del Trigo. Por supuesto, no hay que permitir que esa impronta se diluya, hay que fortalecerla.

Ángel Mastrócola acompaña al expresidente Arturo Illia en un recorrido por la fiesta.

DC: Yo creo que este visionario logró que la fiesta trascendiera a la esfera nacional e internacional de una manera impresionante, justamente por esa capacidad que tenía de gestionar ante autoridades nacionales y provinciales con mucha confianza.

Don Ángel podía llegar hasta la Casa Rosada durante la gestión del presidente Arturo Illia, por ejemplo, cargado de salames y panes dulces que les preparaban en Leones para obsequiar a las autoridades. Esa camaradería, de alguna manera, le abría las puertas y le permitía gestionar para nuestra institución y para la fiesta.

Otro dato a resaltar es que él fue el principal garante de las famosas rifas Ida (NdR: pertenecían a Organizaciones Ida, del leonense Amadeo Nuccetelli, de allí su nombre) cuando todavía no era presidente del club. Tomó ese rol para que se pudieran llevar adelante las rifas que tanto hicieron por nuestra institución. Luego, durante su gestión, se sortearon departamentos, autos, viajes, oro… todo eso se generó a través de las rifas y con el trabajo de la gente de la comisión.

Existen muchas anécdotas que describen su impronta. En 1956, por ejemplo, contrató al arquitecto de carrozas don Puyeu, de la Fiesta de la Vendimia, para que se improvisara en Leones una especie de “vía blanca”, poniendo tubos fluorescentes sobre un tramo de la Avenida del Libertador. Además, el arquitecto ornamentó las carrozas y las alegorías de manera temática ayudado por Risso, Gagliardi y Pignere, maestros de la ENET.

Así que, en cuanto a valores de Ángel Mastrócola, podemos destacar entrega, capacidad, visión, hidalguía.

Los autores junto al libro publicado en 2022. De fondo, la pileta y el escenario que proyectó Mastrócola.

¿Las nuevas generaciones conocen a Mastrócola y todo ese legado que dejó?

SI: Creo que las nuevas generaciones tienen que conocer más de don Ángel: su historia, su compromiso, su pasión. Incluso, nuestra generación tiene que leer sobre su vida. Aún tenemos a muchos leonenses que nos pueden contar sobre esta persona que se comprometió ciento por ciento.

Cuando tuvimos la posibilidad de entrevistar a su hija Susana, ella nos contó que, justamente, don Ángel falleció en un accidente de tránsito volviendo de un viaje a Córdoba. El baúl del auto estaba lleno de las rifas Ida. Fue en 1967, había ido a trabajar por la fiesta, por el club.

En ese sentido, creo que las nuevas generaciones tenemos que conocer esta historia de amor, de compromiso, de pasión, de lealtad con los principios, con los valores, con la institución que él sentía que lo identificaba. Y, a la vez, tenemos que aprender de todo eso, aprender que con ese compromiso, lealtad e identidad tan fuerte se pueden construir grandes cosas y hacer crecer las que ya existen.

Por Cristian Walter Celis.

Fotografías: Archivo Nuevo Día. Archivo Fiesta Nacional del Trigo. María Alejandra Gallo / Nuevo Día.

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Redacción Nuevo Día

13 febrero, 2026

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