A 43 años del comienzo de la guerra de Malvinas, el recuerdo sigue latiendo cada 2 de abril, con frecuencia y sentir que se extiende a lo largo del año. Es en el primero de abril periódicamente que, desde hace 25 años, en la ciudad de Rosario se realiza la vigilia. Un encuentro donde, en el Parque Nacional de la Bandera, se reúnen entre palcos y escenarios combatientes de la ciudad y también del país, para conmemorar con el recuerdo vivo el conflicto bélico que dejó más 632 vidas en Malvinas. Sin contar también quienes volvieron pero quedaron en parte allá, quienes reclaman y malvinizan jurando bajo el lema; “Las vamos recuperar”, como gritaban en 1982 y sostienen hasta hoy: “Viva la patria”.
La llegada es sencilla y conmovida, citadas a las 17 las personas llegan con costumbres típicas al predio, que recibe a los visitantes con los colores blanco y celeste flameando en lo alto. Los recibe, como quien no quiere la cosa, con las personas de las fuerzas arriando la bandera con respeto y silencio, y por un momento las personas solo paran a admirar. El parque se encuentra semi vacío, la tormenta acecha contra la espera de la llegada de la medianoche con el sentimental cantar del himno y la marcha de Malvinas, que atraviesan a quienes acompañan la causa.
“Volver cultural y popular este reclamo y recuerdo”, relata el locutor en el escenario, y así da la bienvenida a bandas que regalan por un momento, un rato de música y bailar, una chacarera, un mate, una bandera. Porque si algo abunda, son las banderas y escarapelas, y en cada remera: “Son Argentinas”. El centro de ex soldados combatientes en Malvinas de la ciudad de Rosario se hace presente con una cocina de campaña y un mate cocido que “se siente un abrazo”, como quienes están presentes definen. El pasar por el espacio lleva a conocer historias, escuchar a niños preguntarles a veteranos que vivieron y sintieron, con la inocencia de un pequeño que trata de entender como una guerra fue tan contemporánea, como aquellos veteranos de trajes militares saben transformarse frente a ellos en historias vivas y ricas.

Las filas se hacen extensas repletas de personas que toman una decisión: llevar en la piel. Varios puestos de tatuadores se encargan de brindar una forma de malvinización mediante su arte, y para muchos es la oportunidad, el paso para llevar tatuadas un pedazo de nuestras tierras. Las charlas se hacen extensas, están los veteranos queriendo hablar pero también escuchar, están las Universidades enfocando desde su perspectivas materiales de investigación y periodísticos sobre Malvinas, están los vendedores, teñidos de celeste y blanco, que no necesitan ofrecer porque la gente sola se acerca, atraídos por la patria.
“Un talle como para él”, dice un padre, señalando a su hijo de no más de 10 años, que aguarda con pupilas dilatadas y sorprendidas frente a la posibilidad de encontrarse con aquellos hombres que lucharon por las tierras del país. “Ellos se quedaron cuidando nuestras tierras, porque las Malvinas son Argentinas”, expresan entre recuerdos y memorias los veteranos que forman parte del centro rosarino. Ya no es una guerra, sino una lucha. Ya no son solo los veteranos, escondidos y ocultos, sino un pueblo que se une junto a ellos para gritar, con el caer de la medianoche y la brisa del Himno Nacional de fondo: “¡Viva la Patria!”, porque como sostienen sus combatientes: “Hoy y siempre, Malvinas Argentinas”.
Lucía Cantelle




