Eduardo Daghero: “Malvinas es la única causa nacional que nos une a los argentinos»

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Redacción Nuevo Día

14 junio, 2026

En 1978, se sumó a la Fuerza Aérea Argentina. A pocos meses de recibirse, participó de la Guerra de Malvinas. En abril, lanzó un libro en el que narra su experiencia.

| Por Cristian Walter Celis.

El pasado 6 de abril, el Veterano de Guerra de Malvinas (VGM) Eduardo Javier Daghero presentó Malvinas, los ojos del cóndor. El minuto de la muerte en el Salón Azul del Senado de la Nación. El libro, de 374 páginas, fue publicado este año por Ediciones Argentinidad.

La presentación fue organizada por la Dirección Gesta de Malvinas del Senado y contó con la presencia de militares y soldados que protagonizaron el conflicto, amigos, familiares y el periodista Nicolás Kasanzew, quien cubrió los enfrentamientos en 1982 para el canal Argentina Televisora Color (ATC).

El libro del brigadier retirado nacido en Leones describe su experiencia como jefe de un Puesto de Observador Aéreo Adelantado (POA) en las zonas de Lafonia y el seno Choiseul, al sur de la isla Soledad, durante la Guerra de Malvinas. Junto a otros soldados, y tras resistir en la batalla de Darwin, Daghero –por entonces un alférez- emprendió una travesía hasta Puerto Argentino con el fin de no rendirse.

Daghero junto a Kasanzew (centro) durante la presentación del libro en el Senado. Foto: Luciano Ingaramo / Comunicación Senado.

Durante el conflicto, los grupos que conformaban los POA tenían la misión de detectar, identificar y reportar las actividades aérea, naval y terrestre de los británicos. Operaban escondiéndose y camuflándose en puntos clave, donde los radares argentinos no lograban advertir movimientos, como cerros, estrechos, bahías y zonas costeras.

Los POA conformaban la Red de Observadores del Aire (ROA), un sistema táctico de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) en las islas. El equipo comandado por Daghero respondía a la ROA Cóndor, donde el grupo enviaba los datos vía radio. La información era procesada en la Base Aérea Militar (BAM) Cóndor ubicada en Pradera del Ganso –en el istmo de Darwin de la isla Soledad- a 80 kilómetros de Puerto Argentino.

La base recibía datos clave de los POA para las estrategias de las tropas argentinas. La BAM Cóndor del istmo de Darwin tuvo un rol fundamental para la FAA. Los integrantes de esos puestos de observación fueron los ojos y los oídos en la isla Soledad, de allí el nombre del libro del militar leonense.

Infografía de la ROA de la Base Cóndor, con los diferentes POA. Imagen: Museo de Malvinas del Edificio Cóndor.

En su publicación, Daghero narra la evasión, escape y rescate en combate que llevó adelante junto a sus soldados del POA Biguá -Andrés Coronel y José Luis Morales, ambos de la clase 63- con el objetivo de compartir su mirada sobre la guerra y poner en valor el rol de la FAA.

En el marco del Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas, Islas del Atlántico Sur y Sector Antártico y del 44º aniversario de la finalización de la Guerra de Malvinas, Nuevo Día dialogó con el militar leonense sobre su carrera, su participación en el conflicto y algunos aspectos de su libro. “La gesta de Malvinas es la única causa nacional que nos une a los argentinos”, afirmó.

1 de junio de 1982. Helipuerto de la FAA en Puerto Argentino. Abajo, el POA Biguá: soldado Andrés Coronel, alférez Eduardo Daghero y soldado José Luis Morales. Fotos: Nicolás Kasanzew.

Sobrevuelo por la historia

Eduardo Javier Daghero nació el 4 de noviembre  de 1957 en Leones. Cursó la primaria en la Escuela Fray Luis Beltrán, de Colonia Marina (departamento San Justo), e hizo hasta cuarto año en la ex ENET Nº 1 (hoy, IPETyM Nº 256). Luego, finalizó sus estudios en Villa Carlos Paz, donde reside actualmente. En 1978, ingresó a la Escuela de Aviación Militar de Córdoba y egresó como alférez el 15 de diciembre de 1981.

Daghero pertenece a la Promoción 47 de la FAA. Su primer destino fue la Escuela de Suboficiales de ese organismo. A 4 meses de egresar, en abril de 1982, fue movilizado a la Guerra de Malvinas para formar parte de la ROA Cóndor como jefe de POA. Sus misiones de vigilancia táctica marcaron un punto de inflexión en su vida. Una experiencia que, con los años, logró poner en palabras a través de su libro.

Luego del combate por el istmo de Darwin, desarrollado el 27 y 28 de mayo, el 29 la BAM Cóndor se rindió junto a la Fuerza de Tareas Mercedes del Ejército Argentino. El POA Biguá –ubicado en Lafonia, a 12 kilómetros de Pradera del Ganso- quedó aislado y rodeado por el enemigo.

El día 30, a las 18, desde Puerto Argentino le ordenaron a Daghero realizar una evasión y escape de Lafonia, para estar el 31 a las 8 en un punto de recuperación llamado POA Vasco (ver mapa). Ese día se hizo una infiltración en territorio dominado por los ingleses con un helicóptero Bell 212 y se realizó un rescate en combate de manera exitosa.

Daghero y sus soldados fueron los tres únicos integrantes de la guarnición militar Darwin que no cayeron prisioneros. El 6 de junio, tras perder todo el comando con la BAM Cóndor, se les ordenó regresar al continente.

Al regresar del conflicto, su carrera militar siguió avanzando en Córdoba, El Palomar y Paraná, entre otros destinos. En esos años, aprendió y desarrolló su actividad aérea en sistemas de armas como MK 62/64 Canberra, Boeing 707 versión fotográfico de largo alcance, Hércules C-130 y Boeing B-707, entre otras versiones.

Asimismo, participó de misiones militares de Naciones Unidas (ONU), como comandante del hospital militar reubicable en la misión de estabilización de Haití (MINUSTAH). Completó 3 misiones de la ONU, por lo que recibió condecoraciones. Bajo bandera de la ONU y de la OTAN, también realizó operaciones aéreas en zonas de conflicto como Croacia, Chipre, Bosnia, Kosovo, Angola  y otros países.

En 2012, asumió como director de la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea Argentina de Córdoba (ESFAC). En 2014, fue promovido como comodoro mayor y a fines de ese año, brigadier. En 2015, se desempeñó como subdirector general de salud de la FAA y en 2016, como director general. Luego de 42 años de servicio, se retiró el 1º de octubre de 2018 alcanzando 6.515 horas de vuelo en aviones de bombardeo, transporte, reabastecedores, fotografía aérea e inteligencia de señales.

A sus 68 años, vive en Villa Carlos Paz. Está casado con Ana Isabel Seisdedos, con quien tiene 3 hijos: Gimena, Federico y Santiago. Es licenciado en Sistemas Aéreos y Aeroespaciales, brigadier retirado y Veterano de Guerra de Malvinas (VGM), la distinción que el país otorga a oficiales, suboficiales, soldados y civiles que participaron de ese hecho histórico en 1982.

Malvinas, un legado para los hijos

“Un día muy frío de 1985, tomé el colectivo que hacía el trayecto Villa Carlos Paz-Córdoba. Había muy pocos pasajeros y el chofer tenía la radio encendida. En un programa político, los conductores hacían una muy mala comparación sobre los oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas que habían participado de la Gesta de Malvinas, con el gobierno de facto que había estado años atrás”, recordó Daghero.

Luego, continuó: “Eran los tiempos ideados por el gobierno de turno para cumplir con el “plan desmalvinizador”, mezclando todo lo acontecido con el fin de que el tema pasara al olvido rápidamente. Mientras iba sentado en el colectivo, pensé en silencio: «¿Qué van a decir mis hijos -que aún no tenía- de su padre, si este plan continúa y todo va a quedar manoseado y ensuciado?»”.

Ese viaje y esa pregunta marcaron el punto de partida del libro que, semanas atrás, el militar leonense presentó en el Senado de la Nación luego de una edición más casera, que publicó en 1988 para familiares y amigos, y otra de 1992 editada por la FAA.   

Los años posteriores al conflicto bélico fueron muy duros para quienes habían formado parte de él. “Realmente toda esta situación me ponía muy triste, ya que como oficial recién egresado había cumplido con la misión encomendada y, además, había salvado la vida de mis 2 soldados del POA Biguá. Era algo inaudito para mí, pero lo tenía que vivir sin exteriorizaciones, en silencio”, le confesó Daghero a Nuevo Día.

El militar empezó a escribir esa misma “noche bisagra”, tal como él la definió. Por entonces, estaba recién casado y no tenía hijos, pero el libro siempre estuvo destinado a ellos. “Debido a las circunstancias ya comentadas, por esos años, los veteranos de guerra nos llamábamos a silencio como una terapia de sanación. Por lo que pensé: «Si no hablo, al menos les escribiré a los hijos que algún día llegarán y, cuando sean grandes, podrán conocer el testimonio de su padre acerca de todo aquello»”, dijo.

Eduardo Daghero finalizó su libro en 1986, el año en que nació su primera hija, Gimena. Los mellizos Federico y Santiago llegaron en 1992, cuando la familia vivía en Entre Ríos.

“Lo terminé de escribir ese año en 3 cuadernos tipo Gloria. Cuando era teniente oficial instructor de la ESFAC, en 1987, pagué para que lo pasaran a máquina en una IBM Composer, y así tuve una versión mecanografiada. En 1988, fui a las Industrias Gráficas Aeronáuticas, en la Primera Brigada Aérea de El Palomar, para fotocopiarlo 7 veces y darle forma de libro; lo guillotinaron y encolaron. Pagué por todo ese trabajo y en la Navidad de 1988 le regalé esas copias a mis padres, hermanos y suegros”, recordó.

En 2012, Daghero asumió como director de la Escuela de Suboficiales de la FAA de Córdoba (ESFAC).

Así surgió la primera versión, casera pero fiel al objetivo inicial. En 1989, durante una charla con su jefe de escuadrón y también veterano de guerra, vicecomodoro Roberto “Oso” Pastrán, el militar le pidió los originales para leerlos. Al tiempo, esa conversación derivó en un llamado del comodoro Pio Matassi, jefe del Departamento Malvinas en el Edificio Cóndor, porque tenía interés en editar el libro en el marco del décimo aniversario de la batalla aérea por las Malvinas.

Tras algunas correcciones consensuadas, en 1992, la Escuela Superior de Guerra Aérea (ESGA) -el centro de altos estudios de la Fuerza Aérea Argentina para la formación académica del personal militar- editó 3.000 unidades para la conmemoración. La entidad entregó un ejemplar de Los ojos del cóndor a cada oficial y se repartieron otros entre las agregadurías aeronáuticas y bibliotecas de la FAA.

“En cuanto a esto, tengo un grato recuerdo de 2004. Al arribar a la Academia General del Aire y del Espacio (AGA) en San Javier-Murcia (España), su director me contó que los cadetes leían este libro porque en la biblioteca había un ejemplar”, dijo el leonense.

El nuevo libro

Luego de la exitosa edición de 1992, Daghero sintió que le habían quedado situaciones sin explicar con detenimiento, en las que también pudiera describir sentimientos y sensaciones, así que decidió revisar los originales y emprender una actualización de la publicación. La tarea le demandó mucho tiempo. “En estos años, experimenté y comprendí que para escribir hay que tener ganas y estar libre de los problemas cotidianos o, al menos, de los más importantes”, analizó el autor.

En enero de 2024 retomó la tarea con una consigna clara: “Esta vez, el libro tenía que resaltar los sentidos, el lector debía estar siempre con nosotros en Lafonia, en el seno Choiseul, en las noches o en los eventos más importantes. Debía sentir, oler, mirar, tocar y hasta degustar nuestras raciones de combate. Además, debía traslucir la espiritualidad que me acompañó de la mano de Dios, y todos nuestros miedos, alegrías, tristezas y pequeños combates ganados”.

Asistentes en el Salón Azul del Senado. Foto: Luciano Ingaramo / Comunicación Senado.

Ese desafío se materializó el 27 de diciembre de 2025, cuando finalizó de escribir la nueva versión. “Después, hubo 2 modificaciones muy simples, una aconsejada por Nicolás Kasanzew y la otra por mí luego de leer las palabras finales”, comentó.

En enero de 2026, Daghero presentó la edición revisada a la Editorial Argentinidad, de Juan Francisco de Souza. Al tiempo, comenzaron los trabajos para definir la diagramación, la tapa, la selección de fotografías, los epígrafes y pruebas previas a la imprenta. El pasado 6 de abril, el nuevo libro se presentó en el Salón Azul del Senado.

En las palabras finales del texto, Daghero le escribe al lector: “Espero haberle explicado en forma sencilla cuál fue el pequeño combate diario de un POA, que es pasar desapercibido, escondido, ser naturaleza de día y de noche la misma oscuridad. Fue el combate de la paciencia y la constancia en no equivocarse nunca en delatar nuestra misión”.

Más adelante, continúa: “Las mejores armas del POA son: la soledad, la clandestinidad, la red de enmascaramiento, los binoculares y la radio, nada más. Fue causarle daño al enemigo, salvar a nuestra gente alertando sobre los posibles ataques aéreos y no ser eliminado por el SAS (NdR: en inglés, Special Air Service, es decir el Servicio Aéreo Especial de los británicos), con quienes compartíamos esa porción de terreno, llamada la «Tierra de nadie»”.

Consultado por este medio sobre el mensaje que le gustaría dejar a los jóvenes de su ciudad natal sobre este tema, Daghero expresó: “Malvinas es pensar y proyectar nuestro destino a futuro, recordando a quienes fueron y son parte de nuestra historia; sus héroes que descansan en las colinas de Darwin y en el mar Argentino, como así también aquellos otros que regresamos para dar testimonio de ese otoño de gloria de la Patria en 1982. En Malvinas, todos dimos algo, algunos lo dieron todo… no lo deben olvidar nunca”.

Fotografías: Eduardo Daghero. Senado de la Nación. Nicolás Kasanzew.

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