A sus 16, junto a otros entusiastas, dio origen al Hípico Club Leones, una entidad inédita en la región que en 2026 cumple 60 años. Donato lleva más de 4 décadas entrenando a jinetes y amazonas de toda la zona.
Por Cristian Walter Celis.
“Te voy a contar esta pequeña locura”, dice Juan Ángel Donato (76) del otro lado del teléfono mientras empieza a relatar la historia del Hípico Club Leones, un centro deportivo inédito en la región, que creó hacia 1966 junto a Rodolfo Andreani.
Por entonces, Donato tenía 16 años. En 1969, dejó las actividades para irse a estudiar Veterinaria a La Plata. En el hípico de la capital bonaerense un tal Lambert le enseñó gran parte de lo que sabe de equitación. Luego, ya con más conocimientos, regresó a Leones y siguió impulsando este deporte junto a otros entusiastas.
Además de Andreani, a lo largo de los años, lo acompañaron Hugo y Omar Panero, Víctor Giudice, Oscar Morales, René Padullés, Norberto Bongiovani, Carlos “Bocha” Penna, Roberto y Luis “Lichi” Andreani, Víctor Lingua y Luis Bortolatto, entre otros.
En su charla con Nuevo Día, Juan Ángel tiene miedo de olvidarse de algún nombre. “Recordar todo después de 60 años no es fácil. Con Rodolfo comenzamos esta aventura de saltar a caballo sin información, sin conocimientos, tratando de ser autodidactas. No había los avances tecnológicos actuales. El primero que nos ayudó fue Hugo Panero. Él sabía de esto al haber hecho la conscripción con un teniente coronel que hacía saltos, y a quien él le atendía los caballos”, cuenta.
En ese ejercicio de memoria van surgiendo otros protagonistas de esta historia colmada de vallas, caballos, jinetes y amazonas de todo el sudeste. “Lorenzetti, pariente del farmacéutico Augusto, se acercó un día y nos llevó al Club Hípico Las Heras, de Rosario. Allí, el teniente coronel Binardelo nos dio las primeras instrucciones y empezamos a ir de vez en cuando”, comenta Donato.
Eran otras épocas, en las que los tutoriales en YouTube no existían y a las clases de equitación había que aprenderlas personalmente viajando varias horas hasta la provincia vecina. Así empezó todo. En los inicios, el Club Leones le alquiló un galpón a Héctor Calvo, donde guardaban los caballos, y con los años el grupo pudo acceder a su propio espacio en el Parque Fiesta Nacional del Trigo. Una vez que llevaron los animales hasta el Hípico, comenzó la actividad “más formal”, aunque las prácticas ya venían llevándose adelante desde hacía tiempo.
Todo lo que hoy resulta tan natural para cualquiera que recorre el predio, llevó años de esfuerzo, constancia y mucha formación. “La actividad de equitación no es solo andar a caballo… mantener el equilibrio con el animal, la postura, la posición, todo tiene un porqué para llegar al salto. Muchos piensan que los caballos de salto son para eso, y no es así. El caballo se hace de salto porque uno le enseña, el animal naturalmente no se pone a saltar obstáculos, lo hace porque el jinete le da la orden, y eso lleva su tiempo, su preparación, ya que es complejo enseñarle las técnicas para que logre un buen desempeño”, explica Donato.

Un largo camino
En sus inicios, el Hípico Club Leones fue el único en su tipo en el sudeste. Si bien a lo largo de los años fueron apareciendo otros espacios similares, en su mayoría se trató de hípicos privados, y no de entidades deportivas. Una singularidad que sigue vigente.
“Era raro, notorio, casi inexplicable que en esos años una población pequeña como Leones fuera sede del único hípico existente entre Rosario y Córdoba. Siempre llamó la atención, y aún ahora sigue siendo el único a pesar de que hubo otros en Marcos Juárez, Bell Ville y Villa María, pero muchos fueron desapareciendo”, afirma Juan Ángel.
¿Por qué el Hípico Club Leones sigue vigente después de 60 años?
JAD: Quizás porque siempre hubo gente allegada cuyos hijos después empezaron a hacerlo también, y con el tiempo fue creciendo. Hubo momentos en que la actividad dejó de avanzar, incluso un tornado nos llevó el galpón, pero hoy por hoy sigue siendo el único hípico, salvo un club personal en un campo de Villa María.

¿Cómo fue creciendo la actividad?
JAD: Con el tiempo, se fueron comprando tráilers y empezamos a ir a competir a distintos lugares. Era otra época, donde resultaba más fácil el traslado y moverte con los caballos. Hoy eso es bastante caro. Este no es un deporte barato, pero puede hacerse accesible tratando de no lucrar, porque un club privado va a lucrar, para eso lo hacen. En nuestro caso, siempre tuvimos el apoyo del Club Leones.
Hoy no sé si sería posible repetir lo de aquellos años: hacíamos recorridos desde Laboulaye pasando por San Nicolás, Rosario, Venado Tuerto, Sunchales y hasta Rafaela; era como un circuito. Ellos también venían a competir a Leones. Así fuimos creciendo y aprendiendo, siempre con profesionales que ya estaban en categorías grandes y nos daban indicaciones para ir corrigiendo errores.
¿Qué tan difícil es entrenar caballos?
JAD: Preparar un caballo lleva su tiempo, es un trabajo permanente. Formarlo implica no menos de 6 ó 7 meses para que realice los primeros pasos y así poder iniciarlo en los torneos.
Cualquier caballo salta porque tiene que correr y saltar para evitar ser capturado por depredadores como leones o pumas. Desde siempre, el caballo tuvo que saltar para salvar su vida, pero no es que nace para eso, lo hace para defenderse. En este deporte, uno le va enseñando para aplicarlo correctamente con constancia y perseverancia.
Todo un desafío…
JAD: Sí, y hay una cosa que quiero aclarar porque en estos momentos existe una movida grande para formar nuevos clubes, y no se trata simplemente de pasar un palo, que el caballo salte y yo voy arriba. Debe haber técnica en los movimientos que uno aplica para lograr que el caballo realice bien los distintos métodos de enseñanza. Todo tiene un sentido.

Una pasión que sigue galopando
Juan Ángel Donato comenzó como instructor hacia 1983. Luego de un tiempo, en 1994 decidió instalarse con su familia en Colombia, donde estuvo 4 años. Allí continuó con esta actividad junto a su hijo Claudio, uno de los “discípulos” del hípico local que, al igual que Javier Bongiovani logró importantes títulos.
“Claudio venía saltando desde los 6 años, porque arrancó desde muy chiquito. En Colombia, ya con 10, saltaba 1 metro y 1,10 metro. En ese país también obtuvo muchísimos triunfos. Fue una muy buena experiencia”, relata con orgullo el leonense.
Hacia 2010, Juan Ángel regresó a esta actividad en Leones y, desde entonces, continúa entrenando a otros jinetes y amazonas. En estas 4 décadas de trayectoria, formó a cerca de 400 personas y aún sigue haciéndolo.
En la actualidad, enseña a una decena de alumnos, en su gran mayoría provenientes de Leones, Bell Ville, Marcos Juárez y Villa María. Se trata de un grupo muy talentoso, que viene creciendo de manera sostenida alcanzando importantes victorias en diferentes torneos. Muchos compiten en certámenes nacionales y provinciales, viajando a otros centros como Rosario o Buenos Aires.
“Yo jamás le indico al chico lo que hizo mal, le pregunto si se dio cuenta de cuál fue su error. Para mí eso tiene más valor que nada e indica que está aprendiendo lo básico de este deporte”, asegura. Y agrega: “Los logros han sido muchos. Creo que el hecho de que se reconozca que los chicos de acá hacen bien este deporte es la máxima satisfacción que tengo, más que las cucardas, que han sido muchísimas”.

Desde hace poco más de 1 año, una nueva subcomisión se hizo cargo del Hípico Club Leones. Está integrada por Evangelina Badín, Ana Cruz Bastino, Ana Carla Donato y Agustín Acastello. El grupo decidió reforzar la formación de iniciados. Por estos días, esa tarea está a cargo del entrenador Joaquín Dichiacho, mientras que Juan Ángel sigue dedicado especialmente a acompañar a jinetes y amazonas con mayor experiencia.
Entre sus alumnas actuales de las categorías más altas se encuentran Manuela Arocena, Candela Berardo, Felicitas Barrera, Pilar Serassio e Isabela Conocchiari, entre otras. “Son las amazonas que están en escuela menor y tercera categoría mayor, con alturas de 0,80; 0,90 y 1 metro”, explica Donato.
“A veces, hay cosas que la gente no entiende en determinadas competencias, porque en algunos casos es muy difícil hacer el tiempo exacto de la categoría. Además, algunos padres quieren que el chico gane, pero yo repito constantemente que a mí lo que me interesa es que monte bien, que realice su recorrido de forma correcta y que sepa lo que está haciendo arriba del caballo”, reflexiona el jinete.
¿Cómo va el tema de las competencias este año?
JAD: La actividad está a pleno. A nivel competitivo, este año fue un poco más difícil coordinar por distintas razones, pero en 2025 y 2024 lo logramos. La pandemia nos relegó mucho con respecto a estar federados, que es lo que más lamento. El club siempre estuvo integrado a la Federación Ecuestre Argentina. Sin embargo, si bien en este momento la entidad no está federada, los chicos compiten federándose para otra institución, pero todos saben que son de Leones.
Hasta ahora estoy muy contento con sus logros. Hemos tenido buenos triunfos en San Juan y Mendoza. Este año, la idea es ir nuevamente con algunos alumnos a certámenes como el Regional del Litoral, en octubre próximo. Además, estoy seguro que hacia diciembre varios también participarán de los torneos nacionales.
Y usted, ¿sigue practicando este deporte?
JAD: Tengo la suerte de que físicamente me encuentro bien, puedo estar montando todavía y compitiendo con los chicos. En mi carrera, no pude llegar con grandes caballos, que eran muy costosos.
Todo este recorrido ha sido un camino largo, y hoy siento el orgullo de que incluso han pasado varias generaciones. Hace tiempo montaban las madres o los padres y hoy están haciéndolo sus hijos, todos fueron alumnos míos. Me pasó con personas de Bell Ville y de Marcos Juárez, que venían a formarse a Leones. Realmente, fue un camino exitoso que a mí me apasiona y lo seguiré haciendo hasta que el cuerpo me diga basta.
Fotografías: María Alejandra Gallo (Nuevo Día).






