Se trata del primer libro de historia local producido por leonenses. Reconstruye los orígenes y usos de los espacios verdes a partir de testimonios de vecinos entrevistados por estudiantes y docentes.
Por Cristian Walter Celis
En agosto de 2006, un grupo de docentes y estudiantes de Leones, dirigidos por Cristian Molina y bajo la coordinación de María Isabel Fruttero, lanzaron Historias populares cordobesas: Leones, el primer libro de historia local realizado por leonenses y el tercero con este enfoque, luego de Leones en el pasado y presente, editado en 1980 por la historiadora cordobesa Marta Núñez, y La Sexta Posta. Orígenes de la Posta de Los Leones, publicado en 1999 por Mario Penna.
A lo largo de 192 páginas, esta obra comienza repasando aspectos claves del pasado institucional de Leones para luego centrarse en los orígenes y usos de sus parques, paseos y plazas, una característica que distingue a la ciudad en la región.
La iniciativa surgió a partir de una invitación del Gobierno de la provincia de Córdoba a la Municipalidad de Leones para sumarse a un programa que incluía la publicación de libros sobre historias locales. María Isabel Fruttero, por entonces directora de Cultura, convocó a Cristian Molina para dirigir la obra y conformar un equipo de trabajo.
En ese tiempo, el escritor se encontraba finalizando sus estudios de grado en Rosario, por lo que realizó una capacitación en Córdoba sobre los lineamientos editoriales y luego comenzó a viajar a Leones para coordinar el equipo de docentes y estudiantes.
El grupo estuvo integrado por las profesoras Liliana “Loli” Begil, Ana Lía Conti, Silvia Ilari, María Isabel Fruttero y la docente Zulema Carmen Luna. Desde la comunidad estudiantil participaron María Luz Lardone, Romina Rodríguez, Noelia Francioni, Agustín Corrá y Agustín Ricotti.
Luego de las primeras reuniones organizativas, los integrantes decidieron establecer como eje temático la historia de los espacios verdes. Conocido como “El pueblo de las plazas”, Leones es una de las localidades de la zona con muchísimos parques, paseos y plazas en relación al número de habitantes.
“La cantidad de plazas es una singularidad de la ciudad, además de tratarse del espacio de reunión de toda la comunidad. La plaza es fundamental, lo es en la historia cultural latinoamericana. Generalmente, en torno a ellas se fundaron las ciudades, algo que no ocurrió en Leones. Esta localidad se formó en alrededores de las vías del tren y allí se erigieron las 2 primeras plazas a partir de la donación de la empresa de ferrocarriles: la del barrio Sur y la de la Municipalidad, la de la Madre”, repasó Molina.


Junto a sus colaboradores, el escritor organizó el relevamiento de la información a través de la historia oral, uno de los lineamientos establecidos por el programa provincial para poner en valor los testimonios de la ciudadanía. Esta metodología implicó que estudiantes y docentes pensaran preguntas y definieran un plan de trabajo para llevar adelante entrevistas a vecinos de los espacios seleccionados.
“Este es un libro que, en gran parte, lo hicieron esos relatos de vecinos y vecinas de las plazas. Eso fue lo maravilloso de este proyecto”, recordó el doctor en Humanidades y Artes y magíster en Literatura Argentina.
A 20 años de su publicación, Nuevo Día dialogó con Molina y algunas docentes e integrantes del equipo editorial para conocer de qué modo este trabajo les permitió llevar adelante una experiencia transformadora, que aún hoy resulta una oportunidad para seguir divulgando la historia y el patrimonio local.

El rol de estudiantes, docentes y vecinos
Cuando la imprenta de la Lotería de Córdoba sacó los ejemplares de Historias populares cordobesas: Leones, el olor a papel impreso aún seguía siendo un signo inconfundible de que otra obra editorial llegaba a Leones para develar historias, conocer curiosidades y poner en valor la vida en comunidad. Una experiencia que, en los últimos años, comenzó a quedar relegada debido al auge del formato digital.
El libro editado por la Municipalidad de Leones se caracteriza por incluir diversas entrevistas a vecinos de los alrededores de las plazas, parques y paseos junto a una serie de planos y fotografías en blanco y negro. Sus capítulos están organizados en 4 partes: Leones en la historia; Leones: La ciudad de las plazas y los parques; Estampas y sentidos ocultos y Anexo literario.
Plaza Norte, plaza Sur, parque Benvenuto, parque de la Fiesta Nacional del Trigo, plaza 25 de Mayo, parque del Viajero, plaza Malvinas Argentinas y áreas parqueadas son algunos de los espacios verdes que aborda la segunda parte de la publicación.
“Las plazas organizan la vida de los vecinos y de las vecinas. Además, el espíritu del programa era que la gente de la ciudad se transformara en protagonista de su historia, así que me pareció que lo mejor era contar la historia de Leones a través de la vida organizada en torno a las plazas y los parques”, explicó Molina, quien se ocupó de realizar entrevistas además de coordinar y redactar el libro.

Los vecinos entrevistados fueron Marcelino Busto, Antonio Oliveto, Dante Rosano, Marcelina Quintero, Sergio Lescano, Pablo Gomila, Sandra Tittarelli, Damián Cagliero, Líder Garbarino, Alfredo Maguín, Azan Partridge, Cristina Massera, Gisela Castrillo, Abel Aimar, Laura Lomelo, Francisco Burdino, Micaela Giraudo, Emilio Rosso, Macarena Celis y Luisa Andreani de Sívori, entre otros.
El trabajo de producción demandó cerca de 1 año, según recordó el director. Desde un primer momento, el objetivo de la Dirección de Cultura fue coordinar y acompañar ese proceso mediante una participación activa de la comunidad.
“Desde la municipalidad, se invitó a gente que quería, de alguna manera u otra, ser partícipe de todo esto. En las tareas que se propuso, María Isabel siempre priorizó la participación de la mayor cantidad de personas”, describió Carmen Luna, quien acompañó el proyecto desde la Dirección de Cultura del gobierno de Dante Rosano.
Según la docente jubilada, María Isabel Fruttero “sabía que la participación activa de la sociedad, mover socialmente a un grupo de personas, era muy importante y positivo para las relaciones humanas y la convivencia en una localidad pequeña como Leones”.

Debido a esa perspectiva, las escuelas tuvieron un rol destacado. Más allá de la investigación y la realización de entrevistas, docentes y estudiantes emprendieron una práctica pedagógica que permitió vincular al estudiantado con el patrimonio local.
“Fue una experiencia muy enriquecedora porque nos permitió conocer historias y vivencias que quizás no aparecen en los libros, pero forman parte de la historia local. Lo más valioso fue escuchar a nuestros vecinos leonenses, recuperar sus recuerdos y comprender que las plazas no son solo espacios físicos, sino también lugares cargados de historias, encuentros y recuerdos. Para los alumnos resultó una manera diferente y muy significativa de aprender historia”, recordó “Loli” Begil.
Ana Lía Conti colaboró en la redacción del prólogo, la organización de los capítulos y las actividades. Al ser consultada acerca de su experiencia como docente resaltó “la conciencia visual de las numerosas y bellas plazas que posee la ciudad de Leones y la generosa participación de sus habitantes para brindar testimonios históricos-culturales”.
La profesora de Lengua y Literatura jubilada también reconoció “la importancia y el desinteresado compromiso de personas para registrar y/o actualizar lo escrito a los efectos de mantener viva la historia de esta ciudad”.
Por su parte, Silvia Ilari destacó cómo la cantidad de espacios verdes marcó la idiosincrasia de los primeros habitantes y su importancia para la sociedad. Asimismo, analizó el origen de la población, mayormente marquellana y piamontesa, y la ideología que forjó las características de Leones en cuanto a la forma de vincularse y de generar pertenencia.

“Este libro abrió el camino para diversas lecturas que pudimos hacer con los chicos para seguir trabajando a lo largo de los años posteriores” dijo la profesora, que en 2006 dictaba metodología de la investigación y práctica de la intervención social.
En cuanto a la comunidad estudiantil, sus integrantes cursaban quinto año Humanidades de la ESCBA. La actual concejala María Luz Lardone iba a esa escuela cuando fue convocada a participar por sus profesoras.
“Nuestro rol fue ayudar a rescatar la memoria oral del pueblo como material para el libro. Se trató de una experiencia transformadora, que reafirmó el sentido de pertenencia y de amor por mi ciudad. A la historia del pueblo la hacen sus ciudadanos organizados, trabajando en equipo, teniendo identidad y respeto por sus pares, por sus barrios. Y eso se materializó en esta producción”, comentó.
En cuanto a los aspectos de la historia local que más le llamaron la atención como estudiante, Lardone recordó la gran cantidad de espacios destinados a plazas y parques y sus historias, el origen del nombre de la ciudad y la conformación del Estado local en un contexto de desidia hasta la aparición del primer Gobierno municipal en 1916.
La publicación también contó con la colaboración de las profesoras Beatriz Partridge, Maricel Caraso y Lucila Pelizzari; Noemí Morano; Claudia Titarelli; Matías Comino; Hugo Peyrachia; Marianela Ragnes; Jimena Boletta; Matías Bonci; Rodolfo Stringhetti; Nilda de Pero; Eduardo Pero; Mercedes Rainaudi; el Centro de Jubilados y Pensionados de Leones; el periódico Nuevo Día; la radio RC2, la biblioteca municipal José Manuel Estrada y directivos de escuelas. Jorge Cerminato, Ivana Moreo y Soledad Comino aportaron las fotografías de tapa y Lorena Molina diagramó las imágenes del anexo.
El libro se presentó ante la sociedad local el 23 de febrero de 2007 en el microcine del IPEM Nº 256 (hoy IPETyM Nº 256). Asimismo, algunos integrantes del equipo junto a estudiantes también participaron del lanzamiento de varias publicaciones editadas en el marco del Programa Historias Populares Cordobesas, que se hizo en Ballesteros.

Concursos, cartelería y un centro de estudios
En el marco de este trabajo, el equipo y la Dirección de Cultura también organizaron concursos de cuento, poesía y pintura. Entre los escritores, ganaron Nilda Falca de Pero, Marta Ester Quevedo, Nélida Lucero y Gabriel Lucero. Hugo Peyrachia hizo una colaboración. En pintura, obtuvieron premios José Díaz, Fabiana Platone y Paola Quevedo con cuadros que reflejaron imágenes de plazas y parques.
Asimismo, el grupo diseñó un sistema de cartelería para ubicar en sitios emblemáticos, con el fin de aplicar la información sistematizada. Hasta hoy, este inédito trabajo, complementario del libro, permite que visitantes y vecinos accedan a datos históricos mientras caminan por las plazas y los parques. Lamentablemente, con los años, la señalética no fue mantenida y presenta un notable estado de deterioro.
“Los carteles cuentan brevemente la historia de cada lugar. En ese momento, nos pareció una manera de hacer que el libro se socializara en la ciudad. Todo eso que habíamos aprendido y leído generó una materialización en el espacio urbano y, al mismo tiempo, permitió que la gente se apropiara de la historia de Leones, una historia que es polémica porque hay cuestiones muy complejas”, describió Molina.

A su vez, el impulso de este proyecto derivó en un centro de estudios que, con el correr de los meses, no logró permanecer. Según el profesor universitario el plan era generar un espacio que se transformara en una referencia de los estudios de historias locales. “Llegamos a lanzar una convocatoria para artículos de una revista cultural. El objetivo fue pensar a Leones como una ciudad cultural y, sobre todo, ligada al turismo rural y al turismo cultural de la zona, pero eso se desvaneció”, recordó.
El investigador de CONICET comentó que una de las principales dificultades del proyecto fue la falta de fondos económicos, a pesar del esfuerzo del municipio. Esa situación también resultó un impedimento para la consolidación del centro de estudios.
En el caso del libro, el programa provincial financió la edición y la publicación de la obra, pero no brindó recursos para el resto de tareas, desde los gastos de movilidad hasta las actividades de la producción editorial, lo que interfirió en el proceso de trabajo.
“En nuestro país, lo más complejo de los proyectos culturales siempre fue la cuestión económica y presupuestaria. Hay una idea de que la cultura es gratuita, y que quienes hacemos cultura estamos por beneficencia o realizando algo que solo nos gusta a nosotros, pero son prejuicios de índole social y muy problemáticos”, reflexionó Molina.
Y agregó: “Está esa idea de que los artistas no trabajamos, cuando en realidad estamos activando cultura, produciendo una obra que después aprovecha toda la comunidad. El trabajo de la cultura nunca es individual”.

Aprendizajes y desafíos de la historia local
A 20 años de su edición, ante un público cada vez más reacio a leer textos extensos, este libro no sólo debe enfrentar los algoritmos de las redes sociales, sino que cada año sus capítulos esperan nuevas oportunidades para volver a contarle a la ciudadanía las historias de los parques y de las plazas que los vecinos narraron en sus páginas.
En ese sentido, desde el equipo le dijeron a Nuevo Día que sería provechoso seguir difundiendo este libro en medios y plataformas, además de promoverlo como material de estudio en las escuelas con el fin de divulgar la historia leonense. Asimismo, sugirieron diseñar proyectos a partir de sus contenidos para estimular la producción de dispositivos didácticos, como videos creados por estudiantes, para compartir en ferias de ciencia, concursos y jornadas destinadas a rescatar el pasado local.

En cuanto a la historia de Leones, Molina aseguró que dirigir este proyecto le permitió conocer acontecimientos que lo impactaron. Consultado sobre esa experiencia, resaltó que la falta de documentación y la proliferación de leyendas sobre los orígenes, dificulta definir certezas de ese periodo, algo que observó en la bibliografía previa a 2006.
“Determinar qué tomar como origen o no es un problema. Leones me interesa porque nací en esta ciudad de origen legendario, sin demasiada información, y ahora vivo en Rosario, otra ciudad que tampoco tiene una fundación y sus inicios también son un poco legendarios. Eso me deja muy impactado siempre”, indicó.
Dentro de ese periodo histórico, el escritor también resaltó la importancia del sistema de postas del Camino de Timoteo Gordillo, una iniciativa clave para el desarrollo de la región.“Darme cuenta que cada 20 kilómetros hay una ciudad porque allí hubo una posta -que después, a su vez, las vías del ferrocarril siguieron ese trazado y luego la Ruta Nacional 9 y la autopista Córdoba-Rosario- fue muy revelador. Las vías de comunicación formaron un entramado muy importante de la historia cultural de la zona. Sin ellas, probablemente, no hubiéramos existido como ciudad”, reflexionó.
Asimismo, destacó la importancia de los espacios verdes a lo largo de las transformaciones emprendidas por diferentes gobiernos. En ese marco rescató la relevancia de la plaza del barrio Sur, una curiosidad que aún conservan los archivos de la Dirección de Planeamiento Urbano y de Nuevo Día.
En ese sentido, comentó que “a través de esos planos y documentos se puede ver cómo cada transformación de la ciudad implicó la invención o proyección de una plaza o espacio verde. Eso es algo hermoso de ver. Leones es una ciudad de plazas, que apuesta por ellas como dispositivos de socialización y de vida”.

En cuanto al trabajo de investigación para el libro, el autor rescató la importancia de la participación ciudadana en la metodología empleada, lo que motivó en el vecindario un proceso atravesado por el compromiso y la emoción de poder formar parte de la publicación a través de sus relatos, más allá de la recuperación de los datos históricos.
“Todo fue muy hermoso, en especial encontrarse con que las historias que organizan nuestras vidas, los relatos que uno construye en el espacio, cuentan el pasado de la ciudad, una historia que es colectiva. Este fue un trabajo en comunidad, donde estuvimos nucleados en lo común, sin pensar igual, sin pertenecer al mismo mundo de vida. Saber que los relatos orales guardan y alojan la historia viva de una ciudad resultó un aprendizaje muy significativo”, concluyó Cristian Molina.
Fotografías: María Alejandra Gallo (Nuevo Día). Archivo Biblioteca Municipal. Agradecemos la colaboración de la bibliotecaria Estefanía Francioni.






